Amigos y visitantes, en verso os quiero contar
lo mucho que disfrutamos con el Cyrano de Rostand.

De amor, poesía y belleza la obra adoctrinará,
mientras nuestros personajes cierto enredo salvarán:
Bergerac ama a Rosana, la prima idolatra a Cristián,
éste no tiene soltura ni labia para conquistar.
En el amor verdadero sólo quieres hacer feliz
mas aquí también influía su gran y hermosa nariz.
Al mosquetero ayudaba a la bella a camelar,
pero el dolor de su entrega nunca él pudo evitar.
Un conde también la amaba, de ellos se quiso vengar
pues a fuerza de lirismo la nupcia se dio a celebrar:
a los dos mandó al frente, primo y marido matar
mas el fuego sólo pudo al segundo desgraciar.
En convento y con tristeza la viuda se fue a consolar
y el primo siempre en festivo a ella iba a visitar.
Un atentado la vida de Cyrano fue a dañar,
y ya en sus postrimerías ella empezóle a amar;
comprendió quien le escribía desde ya hace años atrás,
pero en apenas instantes la prima volvió a enviudar.

Tras la historia ahora llega la reseña singular
pues vale la pena amigos esta obra disfrutar.
Adaptación destacada y actuaciones sin igual
hacen que toda gran obra te espante cualquiera mal.
Con risa, llanto y ternura Carrión se metió en el papel
dejando al respetable sumido en pleno placer.
Un precioso vestuario, una nariz de cartón,
alguna lucha de espadas para darle emoción;
un sutil decorado, una fina y tenue luz,
los tules transparentando al sonido de un laud.
Verso, deseo, muerte, romanticismo, y dolor
es en el mejor teatro la mejor combinación,
por esto de este Cyrano no se puede hablar mejor,
largos y merecidos aplausos; para mí fue sumo honor.