Suele ocurrir que detrás de un nombre haya más de una entidad, en este caso hay tres y cada cual diferente. Esto también es uno y trino: película, libro y obra de teatro. Y todo partiendo de sólo un título: El método Grönholm.

Tras varias temporadas de éxito sin precedentes en el variado marco teatral madrileño (no queridos, el teatro de Madrid no es sólo la Gran Vía y sus musicales), y tras llevar ya unos meses de gira nacional, hace unos días se instaló durante dos semanas (cosa que sólo ocurre en contadas ocasiones... y con los musicales)...
PARÉNTESIS: Un día tendré que reflexionar (o si ya lo habéis hecho vosotros me lo explicáis) sobre las posibles razones de que en esta ciudad de viento aterricen obras premiadas, contrastadas y sublimes como han sido Cyrano de Bergerac o Tres hermanas, elencos como la Compañía Nacional de Teatro Clásico, o autores como William Shakespeare y Ernesto Sábato (con El túnel)... y estemos cuatro sentados en el teatro. Y en cambio vienen chorradas varias como Fama (el musical)... ¡y llenan tres semanas seguidas!... Que no, que hay cosas que nunca entenderé... FIN DEL PARÉNTESIS. Como iba diciendo: (...) tras llevar ya unos meses de gira nacional, hace unos días se instaló durante dos semanas en Zaragoza.
La obra teatral, origen del posterior libro publicado (en realidad simplemente el mismo libreto interpretado) y sobretodo semilla de la estupenda película de actores que rodó Marcelo Piñeyro hace unos años y que obtuvo un gran éxito tanto en España como en Argentina, es un manual de estilo para cualquier autor escénico que desee crear una buena representación.
En una única escenografía y en un solo acto de casi dos horas, se consiguen aunar la comicidad más marcada y la dureza más sutil. Partiendo de una hipotética entrevista final de trabajo para un puesto de ejecutivo los personajes interactúan, juegan, se muestran, se rebelan y se vuelven espectador, mientras consiguen que el espectador se vuelva personaje. Ellos ven lo que nosotros vemos, nosotros sentimos lo que ellos interpretan.

Cuatro son los actores (Jorge Bosch, Jorge Roelas, María Pujalte y Eleazar Ortiz) de entre los que destacan especialmente los dos primeros. El primero por clavar una difícil interpretación que combina perfectamente el sarcasmo, la crueldad, la "hijoputez" con mayúsculas, con un dramatismo desgarrador en su monólogo ante el personaje de María Pujalte en la (aparente) escena final del duelo por el puesto laboral. El segundo por bordar su faceta intrínseca (sí, está algo encasillado, y qué importa), la comicidad permanente que hace que el espectador recorra continuamente el trayecto que hay entre una tímida sonrisa a una descarada carcajada. Simplemente impresionantes.
Jorge BoschReflejo de una sociedad competitiva como la nuestra, la obra muestra claramente, sin medias tintas, las bonanzas y miserias de la búsqueda de trabajo. Una realidad nada lejana, una realidad que está a la vuelta de la esquina y en donde "no buscamos un buen hombre que parezca un hijo de puta, buscamos un hijo de puta que parezca un buen hombre".